Son pocas (hasta el momento),
pero muy interesantes, las publicaciones realizadas por expertos
en la materia, que podemos encontrar en Internet sobre nuestra
ciudad, aunque sean muchas las que se prodiguen sobre el papel.
Este portal, irá poniendo poco a poco estas publicaciones,
lógicamente con el permiso de sus autores, a los cuales
queremos expresar nuestras más sinceras gracias. (Corresponde
al Boletín número 38 del Instituto Andaluz del
Patrimonio Histórico de la Consejería de cultura
de la Junta de Andalucía)
A la hora de ofrecer una visión del estado en que se
encuentra Écija respecto al tema que nos ocupa, seguiremos
el orden teórico del proceso de la tutela del patrimonio
histórico, si bien éste es una simplificación
de la complicada interacción que, en la práctica,
se produce entre su protección, conservación,
investigación y difusión. Conviene recordar -aunque
sea ya un lugar común- que es ésta, en ese plano
ideal, la que otorga al proceso un carácter cíclico,
al ser principio y fin del mismo.
Todas las medidas y acciones de protección, conservación
e investigación deben desembocar en la difusión,
que incluye de manera muy especial la educación en el
conocimiento y valoración de nuestros bienes culturales.
Un mayor aprecio colectivo de éstos provoca y desencadena
el incremento de la protección y, por tanto, el inicio
de nuevos procesos de tutela. Coincidimos con las afirmaciones
de Concha San Martín cuando expresa que los objetivos
básicos de la difusión del patrimonio son: la
democratización del acceso a los bienes culturales, la
rentabilización del patrimonio cultural de la comunidad
en términos de disfrute y recreación para todos
y la educación de todos los sectores sociales en el conocimiento
y la estima de unos bienes culturales que son parte esencial
de una identidad común (1).
Es bien sabido que la situación natural y el entorno
geográfico de Écija siempre han favorecido el
establecimiento de pueblos y el desarrollo de actividades agrícolas,
ganaderas, comerciales, etc. Esta ubicación en una amplia
y rica llanura, a orillas del río Genil, hizo que pronto
se constituyera como un hito importante en los principales caminos
y vías de comunicación de la comarca. El primer
momento de esplendor vivido por la ciudad se remonta a época
romana. Son muy importantes los vestigios arqueológicos
de esta civilización que continuamente siguen apareciendo
en el subsuelo de la ciudad y de su término municipal.
Aunque de menor relevancia, también son frecuentes los
hallazgos del periodo en que se mantuvo la dominación
musulmana. Pero, sin duda, serán la sociedad y cultura
cristiana, las que mayor número y calidad de manifestaciones
artísticas y patrimoniales dejen a la actual ciudad de
Écija.
El nuevo régimen de corte occidental y feudal nacido
tras la conquista en 1240, puso las bases de un nuevo sistema
de vida en el que las relaciones sociales, comerciales y culturales
van a propiciar el desarrollo de un núcleo urbano potente,
atractivo para los asentamientos dispersos en los que por entonces
se repartía una parte importante de la población
de la zona. Este desarrollo se verá favorecido por motivaciones
político-militares, -Écija se hallaba bajo jurisdicción
real y era una de las ciudades que tenía voto en Cortes-
y por su situación en las proximidades de la frontera
con el decreciente poderío musulmán.
Mientras todo esto ocurría, se fue produciendo el lógico
proceso de sustitución de funciones en gran parte de
los edificios más importantes de la población.
La implantación de iglesias cristianas en las mezquitas
motivó la temprana realización de sustanciales
reformas en los edificios musulmanes. El aumento de la población
y la necesidad de crear nuevas iglesias que se alzaran como
testimonios triunfales de la verdadera fe, provocó un
proceso de sustitución de las fábricas musulmanas
por nuevas obras de estilo gótico, si bien con claras
manifestaciones mudéjares, que también afectó
a los escasos recintos destinados al culto hebraico.
Por otro lado, las edificaciones de uso comercial, administrativo
y militar debieron seguir en uso. Aunque gran parte del caserío
abandonado por los musulmanes fue reutilizado por la población
cristiana, el lento pero progresivo cambio de las costumbres
hizo que fueran perdiendo su función edificios como los
baños públicos, madrazas, etc; en cambio, otros
mantuvieron e incluso aumentaron su importancia para la ciudad,
como el complejo sistema defensivo integrado por la muralla
y el alcázar situado en el altozano del Picadero. (continuará)
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(1) SAN MARTÍN, Concha.
"La protección del patrimonio arqueológico
desde el museo. Criterios de difusión". Difusión
del Patrimonio Histórico, Sevilla, 1996, pp. 28-37.